Arrepiéntome Señor de haberle dado
un cariño loco y desordenado;
pero jamás me arrepentiré de haberlo amado.
Duéleme Señor el no haber sido
lo que su ilusión soñó;
pero jamás lloraré por haber sentido.
Siento Señor que por haber dado mi cariño
de pecado estoy redimida;
aunque sé que por él, jamás fuí querida.
Por eso Señor lanzo a tí mi plegaria
para que en un sólo gesto,
apartes de mí, dolor y amargura
Los sueños son el medio
del que se vale el alma
para alcanzar lo imposible.